domingo, 11 de septiembre de 2011

Lavativa política

A la hora de cenar me trajeron de nuevo aquel yogurt. Pensé que si volvía a tomarme uno cagaría mis putas tripas al día siguiente. Pero me lo comí, no podía moverme, no podía decir a nadie que se metiera ese yogurt por el culo, quizás mañana ni tan siquiera tendría esa lavativa de danone para la cena.

Cuando estas atrapado, inmóvil y dependiente aprendes a no quejarte. Aprendes a valorar la mínima muestra de solidaridad y a veces debes conformarte. Sonríes con la mínima migaja de ayuda, aún no queriéndola, aún no gustándote; agradeces el gesto.

Pero no es lo mismo que te hagan sentir dependiente y que para colmo te den mierda a la hora de comer. Que te obliguen a agradecer desperdicios y parecer contento por el trato. No es lo mismo que te conviertan en pobre por cifras de un cuaderno.

Cuando cada cuatro años se abren las urnas veo como millones de personas se acercan para depositar un papel con el nombre de su camarero de mierda favorito, buscando entre las opciones la ración menos olorosa o más consistente.